Hombres heterosexuales que tienen sexo con hombres: conducta, deseo e identidad no son lo mismo
Un hombre puede identificarse como heterosexual y tener experiencias sexuales con otros hombres. Eso no obliga a llamarlo gay, no vuelve falsa su identidad automáticamente y tampoco borra la conducta. “Brojob” es una etiqueta de internet; la realidad es bastante más compleja.
El problema empieza cuando una palabra pretende resolver la vida de otro
“Brojob” circuló como etiqueta provocadora para describir sexo entre hombres que se identificaban como heterosexuales: una mamada “entre compas”, supuestamente sin romance, sin identidad gay y a veces presentada como simple desahogo.
El término funciona como clickbait porque parece una contradicción perfecta: si un hombre tiene sexo con otro hombre, ¿cómo puede seguir llamándose heterosexual?
La respuesta es incómoda para quienes prefieren casillas limpias: orientación sexual tiene varias dimensiones. Identidad, atracción y conducta suelen coincidir, pero no siempre.
Conducta no es identidad
En investigación de salud pública se utiliza desde hace décadas la expresión “hombres que tienen sexo con hombres” —MSM, por sus siglas en inglés— precisamente porque describe conducta sin asumir identidad.
Ese lenguaje tiene limitaciones y no pretende sustituir cómo se llama una persona. Sirve para algo concreto: un profesional necesita saber qué prácticas existen para hablar de pruebas, prevención o salud sexual, aunque el paciente se identifique como gay, bisexual, heterosexual o no use ninguna etiqueta.
Los estudios poblacionales muestran que existe un grupo minoritario de hombres que se identifica como heterosexual y reporta experiencias sexuales con hombres.
No es una criatura inventada por Pornhub
La discordancia entre identidad heterosexual y conducta sexual con hombres está documentada mucho antes de que “brojob” se volviera una categoría de porno.
Investigaciones en Estados Unidos y otros contextos han encontrado hombres que se identifican como heterosexuales y han tenido sexo con hombres. Una revisión reciente de este campo los denomina H-MSM: heterosexually identified men who have sex with men.
Las estimaciones varían mucho según muestra, edad, definición de “sexo”, periodo de tiempo y país. No existe un porcentaje universal de “heterosexuales que lo hacen con hombres”.
¿Entonces son bisexuales y no lo aceptan? A veces quizá. Siempre, no
Algunos hombres pueden estar en proceso de reconocer una orientación bisexual o gay. Otros sienten atracción principalmente por mujeres y han tenido experiencias puntuales con hombres. Otros construyen una identidad heterosexual flexible. Otros separan radicalmente placer físico, afecto e identidad.
Desde afuera no podemos saber qué explicación corresponde a cada caso.
Decir “si se la chupó a un hombre es gay” confunde conducta con identidad. Decir “como él se llama heterosexual, el encuentro no tiene nada que ver con su sexualidad” comete el error inverso.
La conducta existe. La identidad también. Pueden no coincidir perfectamente.
El deseo entre hombres no siempre organiza toda una identidad
Para muchos lectores de ECO, ser gay es una parte importante de su historia, relaciones, comunidad y manera de entenderse. Pero no todos los hombres estructuran su sexualidad de esa forma.
Puede haber encuentros impulsados por curiosidad, disponibilidad, excitación situacional, amistad, consumo de sustancias, entornos de un solo género, pornografía, intercambio económico o deseo recurrente que aun así no se traduce en una identidad gay.
Eso no hace menos real el encuentro. Sólo recuerda que la vida sexual humana se resiste a una taxonomía perfecta.
Masculinidad: “si no hay beso, no cuenta”
Algunas narrativas sobre sexo entre hombres heterosexuales protegen la identidad mediante reglas: no besar, no abrazar, no recibir penetración, no hablar después, hacerlo sólo borracho, insistir en que fue “por necesidad”.
Esas reglas pueden funcionar como frontera simbólica entre una práctica permitida y una identidad temida. En determinadas culturas masculinas, penetrar puede conservar un significado de masculinidad que recibir no tiene, aunque ambos actos ocurran entre hombres.
La antropología y la investigación en América Latina han documentado históricamente identidades sexuales masculinas donde el rol sexual y la masculinidad importan tanto o más que el género de la pareja.
¿Qué pasa con el “activo heterosexual”?
La idea de que un hombre sigue siendo heterosexual mientras penetre y deja de serlo si recibe pertenece a una tradición cultural, no a una ley biológica.
Un activo puede ser gay, bisexual o heterosexual identificado. Un pasivo también. El rol anal no certifica orientación.
Lo interesante es observar por qué algunas sociedades permiten cierta intimidad entre hombres siempre que uno conserve una posición considerada masculina.
Salud sexual: aquí sí importa hablar de lo que haces
Cuando identidad y conducta no coinciden, la medicina puede cometer errores si pregunta sólo “¿eres gay?”.
Un hombre heterosexual que tiene sexo oral o anal con hombres puede necesitar pruebas en sitios anatómicos específicos, vacunación, PrEP u otras estrategias según sus prácticas y exposición. Si nunca revela la conducta porque teme que el médico intente cambiarle la etiqueta, la prevención pierde información.
Por eso una consulta sexual competente pregunta por parejas y prácticas, no sólo por identidad.
La etiqueta “brojob” puede ocultar una cosa útil y varias trampas
Como palabra cultural, “brojob” describe una fantasía: camaradería masculina tan intensa que el sexo puede ocurrir sin amenazar la identidad heterosexual.
Puede ser erótica precisamente por esa contradicción. Dos tipos “hetero”, cerveza, gimnasio, confianza, una puerta cerrada.
La trampa aparece cuando la fantasía se usa como teoría científica. No todo hombre heterosexual identificado que tiene sexo con hombres vive una dinámica de “bros”, ni todo encuentro carece de afecto, ni todo participante necesita negar algo.
Después de los 40: una identidad puede llevar décadas funcionando
Un hombre de cincuenta o sesenta años puede haber construido una vida heterosexual completa: esposa, hijos, relaciones con mujeres y una identidad que le resulta auténtica. También puede haber tenido encuentros con hombres durante años.
Decirle que toda su biografía es mentira porque una parte no encaja en nuestra definición puede cerrar la conversación antes de empezarla.
También puede ocurrir lo contrario: que “heterosexual” sea la única palabra que siente socialmente segura y que con el tiempo quiera revisar lo que significa.
La tarea no es arrancarle una confesión. Es dejar espacio para que su historia sea más compleja que una etiqueta.
No diagnostiques una orientación desde una cama
Si estás con un hombre que se llama heterosexual, puedes creerle sobre cómo se identifica sin fingir que la experiencia entre ustedes no existe.
No necesitas conquistarlo ideológicamente. Tampoco prometerte que terminará enamorado de ti porque aceptó una mamada.
Pregunta lo que importa para el encuentro: qué quiere, qué no quiere, qué prácticas acepta, qué límites tiene, qué prevención utiliza y qué espera que ocurra después.
Y tampoco uses “hetero” como fetiche para ignorar límites
La fantasía del hombre heterosexual disponible tiene una larga vida en la cultura gay. Puede ser excitante, pero una identidad no es consentimiento.
Que alguien se diga hetero no lo convierte en trofeo. Que haya tenido sexo con hombres antes no significa que lo quiera contigo.
El morbo funciona mejor cuando el cuerpo real no tiene que obedecer la película que llevamos en la cabeza.
Una verdad menos limpia y bastante más humana
La mayoría de los hombres probablemente experimenta bastante concordancia entre lo que siente, lo que hace y cómo se identifica.
Pero existe una minoría para la que esas tres dimensiones no coinciden de manera perfecta.
No hace falta convertirla en nuevo tercer sexo, ni llamarla “gay reprimida”, ni usar “brojob” como diagnóstico.
A veces un hombre heterosexual tiene sexo con un hombre. A veces esa experiencia modifica cómo se entiende. A veces no.
El deseo puede complicar las palabras. Las palabras no siempre tienen la última palabra.
Fuentes principales
- Eaton et al. (2023) — scoping review protocol on heterosexual-identified men who have sex with men
- Eaton et al. (2025) — Assessment of Heterosexual-Identified Men Who Have Sex With Men
- Scheadler et al. (2025) — Sexual communication patterns of heterosexual-identified men who have sex with men
- Wells et al. (2010) — Multiple aspects of sexual orientation: identity, attraction and behavior
- Zellner et al. (2009) — Interaction of sexual identity with sexual behavior among men
- Clark et al. (2013) — Sexual role-based identities among MSM in Peru


















